Otaku en estas tierras
No es la primera, y no creo que sea la última vez, que alguien recurra a mí o alguno de mis
allegados
para quitarse la duda o hacer investigaciones del término
“otaku”. Supongo que hasta el colegio no
pasaba más de un ente-alumno-compañero-de-aula que
disfrutaba de dibujitos animados asiáticos;
que tenía mal gusto para vestir; o que hasta la fecha seguía
usando los juguetes que habíamos dejado
en el jardín.
Yo que sé, esas cosas escapaban de mis intereses, quizás
hasta que la pubertad me llegó y me
ganaron
más las ganas de llevar a alguien de la mano. Pero digamos
que gran parte de mi vida, si no ha sido casi
toda, ha estado rodeada de caricaturas, programas de
televisión y cosas orientales. Novelas gráficas, amm
no mucho, ese vicio lo fortalecí mas en otras tierras, la
misma corriente te empuja a hacer esas cosas.
Bueno no es hora ni motivo para cruzar el charco, sigamos en
este hermoso pedacito de tierra que me acoge.
Acá las cosas van variando, pero no tanto, siempre es el
mismo matiz, la misma criollada, la misma huevada.
Cuando iba a la escuela las cosas eran difíciles, un
buen disco no bajaba de los diez soles,
una millonada para
los vacíos bolsillos de un personaje sin trabajo fijo. Las cabinas de internet pasaron a ser
realmente mi segundo
hogar, por un sol la hora podía disfrutar de muchas cosas,
unas buenas y otras no. Arenales era mi point,
el colegio
el punto de reunión y la avenida Arequipa el camino de
ladrillo amarillo. Mi almuerzo variaba
de una galleta a quizás
un buen sanguche de pechuga de pollo o un cuarto de pollo a
la brasa o mi inolvidable chifa, chifa de todos los
sábados
con su sopa de agua sucia que hasta ahora no me cansa ni me
harta. Los sábados, aparte de la hora
de salida, eran días
casi rutinarios, solo que no. Al colegio, a la Arequipa y a
Arenales, a la Sugoi o al Ichiban, a ver
con qué nos pensaban estafar
esta vez, que había de bueno, cuál era la novedad de la que tanto hablaban en el foro. Qué cachivache
compraré hoy, serán
figuritas impresas en papel couché, o tarjetitas con
monigotes que algún “chinito” entiende por palabras, oh mira tú! Han
traido cositas importadas del Japón! Los collares del
personaje de moda, yo siempre quise mi collar de semillas como el que usaba
Yoh Asakura, ahora
que me hago llamar “cosplayer” me haré yo misma mi collar, para darle más valor
sentimental. Subir y bajar
Todos los pisos de arenales, sin importarme un caracho el elevador, que para mí en esa época siempre estuvo malogrado, solo
que no.
La ropa era muy básica, jean y polera negra, para qué más,
el país es demasiado conservador como para andar usando telas llamativas
o tutus de bailarina de ballet, las curvas me delatan y no
me dan la imagen andrógina que necesito para encajar en el estereotipo de
asiática, asi que ni modo, a esconderme entre tanta tela de
circo, pero esta bien, es práctico, las zapatillas , da igual, el cabello
recogido en moño
las gafas y la armadura a la espalda, la mochila de agujero
negro, donde llevas las hojas bond y el lápiz para dibujar cojudecitas, o lo
primero que se te ocurra agregarle a tu personaje para
hacerlo más nice.
Después llego el internet a la casa y siguió siendo la misma
huevada, más perdida de tiempo y esas
cosas, los animes eran cosa de todo el dia, pegada a
La pantalla, sea bueno o sea malo.
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