Tú te mereces alguien que te dé libertad, que no
guarde secretos ni rencores, ni le guste el misterio; alguien a quien llevar de la mano
tanto de día como de noche,
lastimosamente esa persona no soy yo.
El día que el mar y el cielo
se unan tres lunas aparecerán y
un cataclismo se tragara la tierra y a
sus habitantes en ella. Pero la gente no
tendrá miedo, estará preparada y todos morirán con la paz de saber que su ser
querido esta junto a ellos. El padre con sus hijos y la madre también, los
ancianos, los niños, hasta los perros y gatos todos esperaran este absurdo
destino sin miedo alguno, porque ya no es momento de sentir miedo, si no disfrutar
con cada uno de sus cinco sentidos las milésimas de segundo que les queda de vida
terrestre.
Cuando el mundo se venía abajo, y la gente dejo de tener bueno sentimientos , un hombre soñaba
con reformar la moral humana. Como todo,
había perdido la fe en la gente, pero aún así no dejo de tener fe en sus
ideales: En cambiar el mundo, y darle una vida justa y digna a todo el que le rodeara.
Su mirada no tenía reflejo, eso fue lo primero en que me fije, era tan
oscura, vacía y profunda, a veces tenía los ojos inyectados y me causaba miedo.
Curiosidad también pero igual me daba miedo.
Tanto desorden había generado
inundaciones y eran pocas las superficies secas. Así que o te estancabas o navegabas o volabas o te inventabas algun tipo de movilizacion, recuerdo haber visto miles de intentos fallidos, uno que otro tan poco agradable, mi padre me contaba por las noches frente al mar que muchas fueron las veces las que le toco sacar cadaveres hinchados del mar, pobres mi padre decía, estúpidos. A mi madre nunca le
gustaron los viajes, así que dedique parte de mi vida en buscarle una isla
bonita para que ella viviese tranquila, ni
tan céntrica ni tan lejana lo suficiente como para que ella pueda moverse y yo puedo ir siempre y cuando se necesitara
.
Yo siempre le veía desde arriba, sobre mi nube, cuidaba sus pasos… me
causaba curiosidad. La primera vez que le ví, caminaba por el puerto, quizás ya
era hora de zarpar, su barco, le miraba de lejos, me da miedo pero igual no
dejaba de mirarle. En un momento el volteo y...
Mi alma se partía en pedazos y no sabía exactamente por qué,
De toda la vida procuro alejar a la gente de mi entorno, es casi un mecanismo de defensa me comentaba mi mentor. Un pequeño bohemio, no tanto, solo las aparencias, no tan joven ni tan viejo, picaro diría él, como un demonio. Siempre vestía de tierra, se llama evolución, tendencia, grupos, esas cojudeces. Yo asentía y le miraba nada más. Mi mentor siempre sonreía, no tenía otra opción o simplemente le gustaba hacerlo. El venía por mí, era la clase de persona la cual cruza tu camino, no necesariamente cuando la necesitabas. Pero estaba ahí, a veces era él quien necesitaba de mi ayuda o dinero, eso tambien.
Me gustaba buscar lugares aislados, donde sentarme, comer, leer o dormir un rato; la soledad no era agradable pero ni modo, mis amigos, rotativos, compañeros diría en tal caso. Insisto que al comienzo me daba miedo! Ni verle quería! O bueno sí, una curiosidad que me recorría los dedos, pero siempre a lo lejos. lejos y quedito.
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