lunes, 30 de julio de 2012

juzgar y ser juzgado

son   las diez y media, o quizás no, son las nueve y media y mi cabeza creyo que eran las diez antes.  Solo me dió la gana  de decir qué hora era...
a veces me pongo a ver a mi alrededor, pensando en lo bueno, lo malo, lo vacío, lo aburrido. Los ánimos, las fuerzas, la libertad y las cadenas. A veces me gusta confiar en la gente que me rodea,  pero muchas otras veces esa confianza se vuelve más y más frágil. Como un filamento de cebolla, por más que trato que las cosas funcionen, todo se  hace más y más difícil hasta que me rindo, y dejo que esa confianza desaparezca por completo, y se alejen... se diluya... desaparece.
Recien comienzo a vivir y me da miedo todo lo que me toque pasar, pero así es como logras que el tiempo se haga mas lento, y menos monótono. Me gustan los riesgos, sí. Pero hay cosas que simplemente no van conmigo. Será pues que  fueron inculcadas e incubadas o simplemente es un factor de verguenza. De un qué dirán...
Y toda esta cucufaterpia va en contra de mis pensamientos, pero a veces es inevitable señalar con el dedo acusador. Hablar a espaldas de la gente, ese tipo de cosas... al pincho dice la gente, al pincho, vive y deja morir. Vive y no olvides quién eres, respira hondo y lanzate al vacío.  Levantate y anda, que nadie  va a cortarte las alas nunca más...

Nunca más...

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